Se acaba el año y con él se acerva esa costumbre tan anglosajona de las listas de los 10/20/100 – rellena aquí la línea de puntos ____________ más bonitos / feos/ guapos/ listos/ tontos/ ricos/ pobres /buenos / malos, etc.
He de reconocer que soy fan de estas clasificaciones un tanto estúpidas y sobre todo subjetivas – recuerdo haber tenido el Libro Guinness de los Records como lectura de cuarto de baño mucho tiempo – y me divierten bastante.
Una de las más completas es la que publica la revista Time. Ahí es dónde he encontrado esta joyita que me gustaría compartir con vosotros: el mejor anuncio de publicidad política de 2010.
Si queréis ver el contexto, lo tenéis aquí.
El candidato demócrata a gobernador de California – un viejo zorro llamado Jerry Brown (aquí podría ser un Alfonso Guerra) pone a su contrincante la candidata republicana a la altura de nuestro amigo Arnold, que ha llevado prácticamente al estado más rico de EEUU a la ruina económica.
La pieza es maravillosa. Me recuerda profundamente a uno de mis favoritos de todos los tiempos, el Litany para The Independent:
Despues de este par de magníficos ejempos de que para contar una buena historia no necesitas tanta tecnología, sino la capacidad de contar una buena historia, vamos a por los FWA (Favorite Website Awards)
Aquí tenéis las 10 campañas del año para votar el Premio del Público. Magníficas acciones todas.Yo, aunque dudé entre Wilderness Downtown (teneís que ejecutarla en Chrome) y Swedish Armed Forced Recruit y me decidí por la última, por sentimiento corporativo (es de DDB Stockholm) y porque el reto de tener un objetivo comercial más difícil (reclutar soldados para el ejército, frente a la promoción de un grupo musical, Arcade Fire, y un navegador, Chrome)
Disfrutad. Feliz Navidad.



La paradoja de Bogusky
Hace algunos meses, y después de publicar el magnífico libro BakedIn, Creating Products and Businesses that Market Themselves, que ya comenté en este espacio, Alex Bogusky dejaba la agencia que contribuyó a encumbrar, CP+B, y que ha sido quizá el más destacado referente de la industria en las últimas décadas para dedicarse a ser “Consumer Advocate”. Entre sus iniciativas en esta nueva dirección está FearlessRevolution, un proyecto colaborativo que, entre otras cosas, está intentando modificar la Legislación sobre los Derechos de Los Consumidores.
Bogusky, el creativo publicitario más premiado, respetado e influyente de los últimos 20 años deja la publicidad dando un portazo, y yendo en una dirección que, según muchos, “muerde la mano que le ha dado de comer”.
Bogusky ha sido, durante su carrera publicitaria, extraordinariamente lúcido y presciente, creando y abanderando corrientes y movimientos que han marcado la dirección a seguir en la publicidad y que está llevando a la competencia jadeando con la lengua fuera intentando seguirle el paso a su agencia CP+B, que siempre parece ir bastantes pasos por delante de las demás.
Un cambio radical, prácticamente de 180º, por parte de un tipo al que la industria considera un pionero y un visionario de primer orden, ha levantado una importante cantidad de controversias y generado una no menos importante cantidad de preguntas y cuestionamientos, al menos entre los que somos propensos a ello.
Las controversias se refieren principalmente a la sinceridad y honestidad de la postura y del propio Bogusky, que, según fuentes contrastadas como Gawker y Fast Company, posee una personalidad que comparte muchas trazas con la de Steve Jobs – genio, déspota, perfeccionista, manipulador, etc. Pero no me interesa abundar en las razones personales de las que, como comentan en estos artículos, probablemente no esté seguro ni el propio interesado.
Me interesa mucho más la dirección que ha tomado: el Consumer Advocacy. Aunque la postura que ha adoptado Bogusky es especialmente radical y escora hacia una de sus pasiones y preocupaciones – la ecología / sostenibilidad – la idea subyacente es muy importante y muy profunda.
En el mundo pre Web 2.0, los consumidores, que son la fuerza más importante del mercado y su razón de ser, han tenido una voz y una representación absolutamente marginal si lo comparamos con su peso y su importancia. Las pocas Asociaciones de Consumidores estructuradas eran – todavía son – minoritarias y marginales.
Con los consumidores con la billetera como única herramienta de poder y decisión, las marcas han campado a sus anchas considerándolos como una masa amorfa e indiferenciada a la que, al no tener ningún poder, no profesaban ningún respeto.
Pese a toda la charlatanería de “el cliente en el centro”, en mis casi 20 años de experiencia directa con muchas marcas y en muchos países, se cuentan con los dedos de una mano las marcas que de verdad se lo creyeran y que hicieran lo posible por ponerlo en práctica. En todos los demás casos sólo era – y es – BS.
Yo creo entrever por dónde va Bogusky: en pocos años, los consumidores, de manera espontánea o azuzados por iniciativas como la suya y otras muchas parecidas que estoy convencido van a surgir, se van a organizar de verdad y van a convertirse en una fuerza de facto en el mercado.
Y esta corriente está tomando y va a tomar muchas formas. Desde el cabreo de Dave Carroll y su United Breaks Guitars (una catástrofe de RRPP que ya tiene 10 millones de visitas en YouTube e hizo bajar el valor de las acciones de United en muchos millones de dólares) a iniciativas como Groupon o Avaaz que capitalizan en el poder de los consumidores agrupados.
Y ya no hablamos sólo de la punta del iceberg de este movimiento, la tan traída y llevada “conversación” en la Web, en la que pocas marcas están entrando con conocimiento y solvencia y la mayoría con suspicacias, recelos y miedos. Me refiero a movimientos de consumidores, organizados y activos, con un poder fáctico que preveo superior al de los Sindicatos del siglo pasado. Y quién piense que esto es altamente improbable, sólo tiene que echarle un vistazo a Wikipedia.
Me gustaría pensar que las agencias podemos ser los partners que ayuden a inculcar y a llevar a la práctica esta filosofía “client-centric” que las empresas van a necesitar. Es curioso y significativo que el mejor ejemplo de este pensamiento que he visto en los últimos años lo haya llevado a cabo, precisamente, la agencia de Bogusky: Twelpforce para Best Buy.